EL DISCURSO SOCIAL MARC ANGENOT PDF

Maular The status of literary knowledge has wl examined from perspectives which often reflect less about literature than about the motivations of the examining party. By focussing upon the founding father of social discourse theory and practiceMarc Angenot, I will outline some of the claims that have been put forth in this field of research. But so as to go beyond simple restatement of accepted ideas, and to coincide two realms that have in my opinion far too little contact, I will integrate thoughts on similar issues from a domain that, at first glance, seems dramatically far afield; the political and linguistic writings of Noam Chomsky. The surprising results of this juxtaposition indicates the promise, as well socual the flaws, of contemporary social discourse theory at a juncture in history that seems conspicuously gloomy and pathetically without hope of rebellion or radical change.

Author:Dunris Nigal
Country:Solomon Islands
Language:English (Spanish)
Genre:Spiritual
Published (Last):18 January 2005
Pages:266
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Lo que yo propongo es tomar en su totalidad la produccin social del sentido y de la representacin del mundo, produccin que presupone el "sistema completo de los intereses de los cuales una sociedad esl cargada" Fossaert, a: As, pienso en una operacin radical de desclausuramiento que sumerja los campos discursivos tradicionalmente investigados como si existieran aislados y fueran autnomos la literatura, la filosofa, los escritos cientficos en la totalidad de lo que se imprime y se enuncia institucionalmente.

Tengo la intencin de tratar de lleno, si puedo decirlo as, la enorme masa de los discursos que hablan, que hacen hablar al socius y llegan al odo del hombre en sociedad. Me propongo recorrer y balizar la totalidad de este vasto rumor donde se encuentran los lugares comunes de la conversacin y las bromas de caf, los espacios triviales de la prensa, del periodismo, de los doxgrafos de "la opinin pblica", as como las formas etreas de la bsqueda esttica, la especulacin filosfica y la formalizacin cientfica; donde existen tanto los eslganes Y las doctrinas polticas que se enfrentan estruendosa1nente como los murmullos perifricos de los grupsculos disidentes.

En un momento dado, todos esos discursos estn provistos de aceptabilidad y encanto: tienen eficacia social y pblicos cautivos, cuyo habitus dxico conlleva una permeabilidad particular a esas influencias, una capacidad de apreciarlas y de renovar su necesidad de ellas. Tomo como objeto concreto, a fin de ilustrar y validar esta reflexin sobre el discurso social, la totalidad de la "cosa impresa" en francs o, al menos, un muestreo i:nuy extenso de ella producida en el curso de un ao: Se trata de establecer un corte sincrnico arbitrario para describir y dar cuenta de lo escribible de esa poca.

Ms adelante explicar los motivos de esta eleccin. En todo caso, esta empresa no apunta solamente a producir una descripcin, un cuadro de los temas, los gneros y las doctrinas de una poca aunque tal descripcin presentara en s misma cierto inters.

Y supone en especial el hecho de llegar a dar una consistencia terica a la nocin de "discurso social" ya mencionada. Me parece pertinente, antes de comenzar con el anlisis del discurso social en , exponer primero la problemtica de conjunto, tarea que se anticipa, por cierto, al resto del texto, ya que las nociones y las tesis que van a formularse se construyen a partir de la reflexin sobre el corpus estudiado, as como sobre los obstculos y las dificultades encontradas. Hablar de discurso social es abordar los discursos como hechos sociales y, a partir de all, como hechos histricos.

Tambin es ver, en aquello que se escribe y se dice en una sociedad, hechos que "funcionan independientemente" de los usos que cada individuo les atribuye, que existen "fuera de las conciencias individuales" y que tienen una "potencia" en virtud de la cual se imponen. En consecuencia, mi perspectiva retoma lo que se narra y se argumenta, aislado de sus "manifestaciones individuales", y que sin embargo, no es reducible a lo colectivo, a lo estadsticamente difundido: se trata de extrapolar de esas "manifestaciones individuales" aquello que puede ser funcional en las "relaciones sociales", en lo que se pone en juego en la sociedad y es vector de "fuerzas sociales" y que, en el plano de la observacin, se identifica por la aparicin de regularidades, de previsibilidades.

En ese proyecto de un anlisis de los discursos como productos sociales, el lector habr reconocido un eco de los p1incipios de Durkheim [ ], El discurso social -si acaso tiene alguna relacin con la lengua normativa, la "lengua literaria" de una sociedad- no tiene relacin con la "lengua" de los lingistas.

Ambas perspectivas parecen irreconciliables, y el anlisis de los lenguajes sociales es antagonista como, segn mi parecer, demuestra toda la investigacin contempornea de la descripcin de "la lengua" como un sistema cuyas funciones sociales deben ser, en cierto modo, neutralizadas, escotomizadas.

Porque todo discurso concreto enunciado descubre siempre el objeto de su orientacin como algo ya especificado, cuestionado, evaluado, envuelto, si as pudiera decirse, por una bruma ligera que lo oscurece o, al contrario, como algo esclarecido por palabras ajenas a su propsito. Est envuelto, penetrado por las ideas generales, las perspectivas, las apreciaciones y las definiciones de otros. Este autor acenta unilateralmente la fluidez, la desviacin creativa hacia una representacin de lo social como un lugar donde las conciencias "respondientes" y dialogizadas estn en constante interaccin, un lugar en el que las legitimidades, las jerarquas, las restricciones y las dominantes slo se consideran en la medida en que proporcionan material a la heteroglosia y, en el orden esttico, al texto polifnico.

Nosotros no podemos seguir a Bajtn en este "mito democrtico" Bessiere : lo que trataremos de hacer es exponer las contradicciones y las funciones, no para describir un sistema esttico, sino aquello que llamaremos una he! Jemona, entendida como un conjunto complejo de reglas prescriptivas de diversificacin de lo decible y de cohesin, de coalescencia, de integracin. Por eso, hablar del discurso social ser describir un objeto compuesto, formado por una serie de subconjuntos interactivos, de migrantes elementos metafricos, donde operan tendencias he- gemnicas y leyes tcitas.

Sin embargo, retendremos la tesis de Bajtn que sostiene una interaccin generalizada. Los gneros y los discursos no forman complejos recprocamente impermeables. Los enunciados no deben tratarse como "cosas", como mnadas, sino como "eslabones" de cadenas dialgicas; no se bastan a s mismos, son reflejos unos de otros, estn "llenos de ecos y de recuerdos", penetrados por "visiones del mundo, tendencias, teoras" de una poca.

Estas nociones convocan a la investigacin de reglas o de tendencias, en absoluto universales, pero capaces de definir e identificar un estado determinado del discurso social. Ellas invitan a ver de qu manera, por ejemplo, ciertos ideologemas deben su aceptabilidad a una gran capacidad de mutacin y reactivacin, al pasar de la prensa de actualidad a la novela, o al discurso mdico y cientfico, o al ensayo de "filosofa social", etc.

Mi proyecto busca sacar a la luz esta interdiscursividad generalizada de fines del siglo XIX, y volver a poner en comunicacin lgica y temtica los espacios sublimes de la reflexin filosfica y la literatura audaz e innovadora con el campo trivial del eslogan poltico, la cancin de caf concert, y la comicidad de las revistas satricas, de las bromas sobre los militares y de las "gacetillas" de la prensa popular.

Lo que se enuncia en la vida social acusa estrategias por las que el enunciado "reconoce" su posicionamiento en la economa discursiva y opera segn este reconocimiento; el discurso social, como unidad global, es la resultante de esas estrategias mltiples, aunque no aleatorias.

A la lectura de un texto dado se superponen vagamente otros textos que ocupan la memoria, por un fenmeno anlogo al de la remanencia retiniana. Esta sobreimposicin se llama, en los discursos sociales antiguos y clsicos, alegoresis: proyeccin centrpeta de los textos de toda la red sobre un texto-tutor o un corpus fetichizado Zumthor; Survin. La interlegibilidad asegura una entropa hermenutica que hace leer los textos de una poca y los de la memoria cultural con cierta estrechez monosmica, que escotomiza la naturaleza heterolgica de ciertos escritos, anula lo inesperado y reduce lo nuevo a lo previsible.

Las "nuevas ideas" corren el riesgo de pasar inadvertidas porque se abord an en un marco preconstruido que desdibuja aquello que se presta a una lectura "diferente".

Todos los abonados, en los palcos, slo tenan una palabra en la boca: -Pero sta es la historia del general y del presidente! Y se manifestaban a favor o en contra del duque de Guisa y a favor o en contra de Enrique III, segn fueran o no partidarios de Boulanger. Lo cmico era que los republicanos, en los entreactos, se declaraban a favor del rey, mientras que los realistas apoyaban al duque, jefe de la Liga. Quin hubiera imaginado que habra tantas alusiones en u n drama de Dumas padre! Ilustracin, El discurso social une "ideas" y "formas de hablar" de manera que a menudo basta con abandonarse a una fraseologa para dejarse absorber por la ideologa que le es inmanente.

Si cualquier enunciado, oral o escrito, comunica un "mensaje", la forma del enunciado es medio o realizacin parcial de ese mensaje. Se puede pensar en las fraseologas de los lenguajes cannicos, en los clichs eufricos "Todos los franceses que se preocupan por la dignidad y el honor del pas estarn de acuerdo en El uso para el cual un texto fue elaborado puede ser reconocido en su organizacin y en sus elecciones lingsticas Grivel, 7.

Porque la ideologa est en todas partes, en todo lugar, y la palabra misma "ideologa" deja de ser pertinente en el sentido de que, al seguir el camino que guiaba la reflexin hacia una semitica sociohistrica, muchos investigadores han llegado a hacer suya la proposicin inaugural de Marxismo y filosofa del lenguaje : todo lenguaje es ideolgico, todo lo que significa hace signo en la ideologa.

All donde se encuentra el signo, se encuentra tambin la ideologa. Todo lo que se dice en una sociedad realiza y altera modelos, preconstructos todo un ya-all que es un producto social acumulado.

Toda paradoja se inscribe en la esfera de influencia de una doxa. Un debate slo se desarrolla apoyndose en una tpica comn a los argumentos opuestos. La hegemona que abordaremos aqu es la que se establece en el discurso social, es decir, en la manera en que una sociedad dada se objetiva en textos, en escritos y tambin en gneros orales. No la consideraremos un mecanismo de dominio que abarcara toda la cultura, que abarcara no slo los discursos y los mitos, sino tambin los "rituales" en un sentido amplio , la semantizacin de los usos y las significaciones inmanentes a las diversas prcticas materiales y a las "creencias" que las movilizan.

Sin duda, la hegemona discursiva slo es un elemento de una hegemona cultural ms abarcadora, que establece la legitimidad y el sentido 3 Sobre el singular de. Ms adelante expongo las razones por las cuales me parece pertinente aislar el anlisis de los discursos sociales del resto de lo que en la cultura produce sentido y por lo que la sociedad se manifiesta organizada y axiologizada. Hago una aclaracin: no llamo "hegemona" al conjunto de los esquemas discursivos, temas, ideas e ideologfas que prevalecen, predominan, o tienen el ms alto grado de legitimidad en el discurso social global o en alguno de sus actores.

La hegemona es, ms bien, el conjunto de los "repertorios" y reglas y la topologa de los "estatus" que confieren a esas entidades discursivas posiciones de influencia y prestigio, y les procuran estilos, formas, micro- , rrelatos y argumeritos que contribuyen a su aceptabilidad. Puede suceder que, para abreviar, se diga que tal temtica, tal fraseologa, t:il conjunto discursivo son "hegemnicos".

Esto es manifestar en trminos simplificados el hecho de que esas entidades aprovechan la lgica hegemnica para imponerse y difundirse. La hegemona designa entonces un grado ms elevado de abstraccin que la descripcin de los discursos. En este sentido -pongo un ejemplo banal-, en hay una cierta censura sobre el sexo y sus representaciones aunque no puedo esbozar sus caractersticas en pocas lneas.

No obstante, esta misma censura permite que el libertinaje "bien escrito" de Catulle Mendes, la apologa de boulevard de las cocottes y del Pars de los placeres, o las audacias oscuramente sublimadas de la innovadora novela naturalista o modernista se manifiesten, adquieran prestigio a los ojos de algunos y tematicen, en cierto modo, sus transgresiones. Porque a la hegemona se une la legibilidad, el inters-de-lectura, Catulle Mendes y Rachilde, por ms audaces que fueran, son tan "ilegibles" hoy como los trabajos llenos de autoridad del Dr.

Garnier sobre las aberraciones del instinto gensico. Podemos apreciar claramente por qu estos escritores escandalosos permiten slo una lectura "arqueolgica". Permeables a las ideas dominantes que su "perversin" se complaca en transgredir, slo podan operar cierto efecto significante y "significativo" en el interior de su propia hegemonJa. Se dir que eran "de su tiempo". En virtud de una ilusin esttica sin duda agradable, un aficionado curioso puede encontrar todava cierto encanto en Pladan, Rachilde o Jean Lorrain, quienes nos dan la intuicin fugaz del tipo "extrao" de discurso social que alimentaba la dinmica de sus audacias de pensamiento y sus bsquedas estticas.

Tampoco es esa dominancia cuantitativa que hara ms "audibles" las banalidades del caf concert o la broma burda de los diarios populares frente a los sutiles debates de la R. La hegemona es, fundamentalmente, un coajunto de mecanismos unificadores y reguladores que aseguran a la vez la divisin del trabajo discursivo y un grado de homogeneizacin de retricas, tpicas y doxas transdiscursivas.

Sin embargo, esos mecanismos imponen aceptabilidad sobre lo que se dice y se escribe, y estratifican grados y formas de legitimidad. Por lo tanto, la hegemona se compone de reglas cannicas de los gneros y los discursos incluido el margen de variaciones y desviaciones aceptables , de las precedencias y estatus de los diferentes discursos, de las normas del lenguaje correcto incluyendo tambin el control de los grados de distribucin de la lengua, desde el alto estilo literario hasta el vale todo de la escritura periodstica "popular" y 32 EL DISCURSO SOCIAL de las formas aceptables de la narracin, de la argumentacin y, de manera ms general, de la cognicin discursiva, y un repertorio de temas que se "imponen" a todos los espritus, pero de tal suerte que su trata1niento abre el campo de debates y disensos regulados por convenciones de forma y de contenido.

Entendemos entonces por hegemona el conjunto complejo de las diversas normas e imposiciones que operan contra lo aleatorio, lo centrfugo y lo marginal, indican los temas aceptables e, indisociablemente, las maneras tolerables de tratarlos, e instituyen la jerarqua de las legitimidades de valor, distincin y prestigio sobre un fondo de relativa homogeneidad. La hegemona debe describirse formalmente como un "canon de reglas" y de imposiciones legitimadoras y, socialmente, como un instrumento de control social, como una vasta sinergia de poderes, restricciones y medios de exclusin ligados a arbitrarios formales y temticos.

Lo que llamamos hegemona es, en un lenguaje no idealista, el equivalente del Zeitgeist romntico-hegeliano; un Zeitgeist no concebido como el "fenmeno" de una causa expresiva o una esencia histrica, ni como propio de una elite o un puado de mentes esclarecidas, de grandes pensadores.

Sin embargo, es cierto que la hegemona produce, impone y legitima ciertos pensamientos corno "grandes pensamientos", y a ciertos pensadores corno "la encarnacin de su poca". Si bien la hegemona est formada por regularidades que hacen aceptable y eficaz lo que se dice y le confieren un estatus determinado, aparece corno un sistema que se regula por s mismo sin que haya detrs un Geist, un director de orquesta, un Deus in machina, ni siquiera una seiie de relevos provistos de una identidad, un rostro.

De modo que, en efecto, para tratar esas sociedades, el trmino mismo "hegemona" es intil, as como es intil hablar de una "norma lingstica" all donde la lengua es homognea, donde todos los sujetos hablantes utilizan la "misma" lengua. Sin embargo, incluso en esta sociedad primitiva y tpico ideal [Weber] que evoco, desde que hay mediacin cuando el lenguaje de los mitos debe traducirse a los lenguajes rituales y disimilacin cuando los chaman es usan una jerga que les est reservada , el concepto de hegemona puede intervenir, estableciendo quin puede decir qu y en qu circunstancias, y cmo se instauran las reglas de transcodificacin entre mitos, rituales y otras prcticas significantes.

En una sociedad compleja, estratificada en clases y roles sociales, donde las funciones estn diversificadas y los antagonistas son mltiples, la homogeneidad orgnica de los discursos es menos evidente.

Esas sociedades no dejan de legitimar e imponer formas de expresin, principios cognitivos, reglas de lenguaje, inscribiendo en sus axiomas mismos la valorizacin de la "libertad de palabra", de la 01iginalidad personal, y el rechazo de las autoridades dogmticas, como decamos anteriormente.

Esas diferencias de temporalidades son tambin relativamente armonizadas y reguladas, de modo que el conjunto evoluciona como un todo. La hegemona no es, entonces, ni yuxtaposicin ni coexistencia. A 9esar de muchos "puntos de friccin" y de conflicto, forma un conjunto que apunta a la estabilidad y a la horneostasis, mientras que ella misma est constantemente en vas de reparacin, de renovacin. La imagen que se impone aqu es la de una especie 34 de "palacio" de la cultura, donde una multitud de artesanos y obreros se encargaran de las reparaciones permanentes, bajo una coordinacin siempre problemtica, para lograr un monumento grandioso, pero siempre inconcluso.

El equilibrio relativo de los temas impuestos, de las normas y divisiones de las tareas no es el resultado d e una ausencia de contradicciones: es la resultante de las relaciones de fuerza y de los intereses de todos los interlocutores sociales. Los literatos "puros" estaran satisfechos con una sociedad en la que, como en Viaje al pas de los Artcolas, de Maurois, solamente la literatura tuviera derecho de ciudadana y en la que la palabra literaria fuera el nico lenguaje permitido.

Los mdicos "puros", si es que existen, tal vez sueen, como en Les Morticoles, de Lon Daudet, con una sociedad enteramente medicalizada donde el discurso mdico tuviera toda la autoridad y ocupara el lugar de la religin, el arte y la poltica. Las utopas satricas de Daudet y Maurois existen para recordarnos que todo gran sector discursivo y no slo el religioso tiene un potencial "totalitario", y que slo las condiciones sociales le p:rohben persistir en su esencia hacia una extensin mxima.

La hegemona no corresponde a una "ideologa dominante" monoltica sino este vocabulario es inadecuado a una dominancia en eljuego de las ideologas. En la hegemona intervienen intereses estructurales, tradiciones porque la hegemona es siempre un momento de readaptacin de un estado hegemnico anterior , posiciones adquiridas y defendidas, "pereza" in te- 4 Como se recordar, para Gramsci la hegemona ideolgica de las sociedades modernas 1eemplaza la "funcin unificadora" de la religin en las formaciones sociales precapitalistas.

Hasta aqu, nada misterioso. Y adems, la hegemona engendra hegemona: de las rutinas a las convergencias, se refuerza con el solo efecto de masa. A pesar de decir esto, es necesario reiterar que eso funciona porque no tiene necesidad de ser homogneo ni "totalitario"; el sistema da cabida a todo tipo de fuerzas centrfugas, vectores de distinciones, de esoterismos, de especializaciones, de disidencias, de paradojas.

A travs de un movimiento constante, donde de la doxa se engendra la paradoja, donde la originalidad se fabrica con lugares comunes, donde las querellas polticas, cientficas y estticas slo se desarrollan con apuestas comunes y apoyndose en una tpica oculta por la misma vivacidad de los debates; a travs tambin de las funciones "locales" de cada discurso funciones de interpelacin, legitimacin, encantos y psicagogias diversas , median te esas diversificaciones y ese "movimiento" es que opera la regulacin hegemnica.

Su base es el Estado-nacin que ha llegado ya a la madurez, el espacio social unificado por la expansin de una "esfera pblica" extendida. Hay una relacin directa entre la realidad "inmaterial" de una hegemona sociodiscursiva y los aparatos del Estado, las instituciones coordinadas de la sociedad civil, el comercio del libro y del peridico, y el mercado "nacional" que se crea.

Sin embargo, las lneas que siguen no conducen a identificar la hegemona con una "ideologa dominante", que sera la ideologa de la clase dominante. La hegemona es aquello que produce lo social como discurso, es decir, establece entre las clases la dominacin de un orden de lo decible que mantiene un estrecho contacto con la clase dominante. Es conocida la frmula de Marx, en La ideologa alemana, que dice: Las ideas de la clase dominante son las ideas de la clase dominante de cada poca; o dicho en otros trminos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante.

Marx y Engels [], 50 Que la burguesa se "construya un mundo a su propia imagen" frase que en el Manifiesto comunista no designa slo las ideologas,.

DALDINIA CONCENTRICA PDF

El Discurso Social - Marc Angenot

Gum Literature as object domain recognizable because of its peculiar literariness, for example, is quite differently construed than literature as competing discursive practice in a realm of social discourse relations; and theoreticians looking for immanent qualities in the language of literary texts can become to varying degrees themselves indicative symptoms of a systematic malaise for theoreticians who look to the role of literature in society as a key to understanding the power of a prevailing ruling class. Taller sobre un caso ejemplar: The status of literary knowledge has been examined from perspectives which often reflect less about literature than about the motivations of the examining party. When the Essay Infiltrates the Novel: Literature as object domain recognizable because of its peculiar But so as to go beyond simple restatement of accepted ideas, and to coincide two realms that have in my opinion far too little contact, I will integrate thoughts on similar issues from a domain that, at first glance, seems dramatically far afield; the political and linguistic writings of Noam Chomsky. One small point; it is difficult, or even unfair, to compare a whole school of thinking about texts from a socialized approach with the small number of comments that Chomsky has made on the subject, and in fact this is not my objective. By focussing upon the founding father of social discourse theory and practiceMarc Angenot, I will outline some of the claims that have been put forth in this field of research.

ERNEST NORLING PERSPECTIVE MADE EASY PDF

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By focussing upon the founding father of social discourse theory and practiceMarc Angenot, I will outline some of the claims that have been put forth in this field of research. Marc Angenot Research Papers — My motivation here is multi-directional; both Angenot and Chomsky, despite their many differences, attempt to circumscribe literary knowledge within much larger social projects which centre around thinking about the role of language in prevailing socio-political structures, and both of them suggest a role for literature that is in some ways indicative of respective political projects which, though different in motivation and in method socoal procedure, share a common end for the amelioration through subversion of this prevailing political paradigm. Lunes 6 de febrero, The surprising results of this juxtaposition indicates the promise, as well as the flaws, of contemporary social discourse theory at a juncture in history that seems conspicuously gloomy and pathetically without disxurso of rebellion or radical change. Click here to sign up.

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