DON DURITO DE LA LACANDONA PDF

This book is not yet featured on Listopia. Aventuras y desventuras de Don Durito by Subcomandante Marcos. Books by Subcomandante Marcos. He is only seen wearing a balaclava, and his true identity remains unknown.

Author:Meztit Nekora
Country:Maldives
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):13 July 2013
Pages:126
PDF File Size:1.28 Mb
ePub File Size:12.39 Mb
ISBN:795-1-60043-420-9
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Paniagua No. Que, de luto, llora La cueva del deseo P. Que, decidida, sale al ruedo P. Que da cuenta de las andanzas actuales y los consejos del Durito P. Que sigue hablando de la postal recibida P. Que habla del amor, el desamor y otras necedades P.

Por decirlo tan luminosamente, gracias, escritor Marcos. Gracias, escudero de los Duritos. En ellos Durito nos abre una herida en el pecho, una herida que duele y alivia, una herida que lastima pero permite respirar mejor. Tuve mucho gusto en conocerle.

Sepa usted que puede tomar todo el tabaco que guste cuando quiera. Puedes tutearme si quieres —me dijo. Espero que eso ayude. Ven cuando quieras y platicaremos.

Me aleje un poco para poner mi techo e instalarme. Ya no me cupo duda. Estaba yo cantando y Pasada la euforia tabacalera, iniciamos la complicada ceremonia del encendido de la pipa. Nos sorprendieron. Me sorprendieron Tu problema es el mismo que tienen muchos. Durito no me deja responder. Como globo que se infla demasiado. Eso no tiene futuro. Vamos a ganar— dice Durito mientras guarda sus papeles.

No, no pretendas poner reparos. Necesitan un superasesor. Yo me quedo callado. Ahora que me acuerdo no le he escrito a mi vieja —Durito suelta la carcajada. Durito la esquiva y sigue riendo. Los dos quedamos pensativos. Volvimos a encender las pipas. Como unos sesenta No son sesenta —dije. Yo trate de consolarlo. Durito pregunta con pena, como temiendo lastimar.

Yo sigo fumando, miro los rizos plateados de la luna colgados de las ramas. Suelto una voluta de humo y le respondo y me respondo: — Ganar. Que, de luto, llora. Mother Hearth will swallow you. Te mataron —dice mi otro yo. Un sollozo narcisista compite con los grillos. Yo, que me amaba tanto Sin embargo guardo silencio. Para despertarme, me empieza a hacer cosquillas en la nariz. Se recupera y vuelve a llegar a mi cara. Donde quiera me meto.

Y las hay grandes como iglesias. Pero dice que hay una en la que nadie se atreve a entrar. Dice que hay una historia fea sobre esa cueva. La cueva del deseo, dice que le dicen. Es una historia muy larga. Yo enciendo la pipa. Es una historia triste Vino o ya estaba.

No se sabe. No se sabe si era joven o viejo ese hombre. Pocos son los que lo vieron las veces primeras. Cada tanto bajaba a un arroyo cerca de los poblados. Un murmullo de risas y voces se fue creciendo conforme se acercaba. Un potro soberbio se torna el deseo. Espada de mil espejos es el ansia de mis ganas por el cuerpo vuestro, y en vano desgarra su doble filo los mil jadeos que en el viento marchan.

Dejadme llegar a vuestro cuello. Dejad que mi gana os diga quedo, muy quedo, lo que mi pecho calla. Caminaros con suspiros la ruta que manos y labios y sexo desean. Afianzar la tibieza de mis palmas en la tibieza doble de carne y movimiento. Un pausado paso primero, un ligero trote luego. Al cielo llegar, y derrumbarse luego. El jolmash ya no pudo o no quiso salir de la cueva.

El barco del deseo despliega velas. Puro viento, palabra sola, navego a buscaros, por entre suspiros y jadeos, el lugar preciso que os mande el cuerpo.

Encontrarlo debo y, musitando sortilegios, desatarlo. Libres un momento solo, pues llegan ya mis manos a hacerlas prisioneras, a conduciros mar adentro de mi abrazo y con mi cuerpo.

Cuando ve que he terminado dice: — Tenemos que ir. Yo titubeo. No te preocupes. Este es el plan de ataque: Primero: Si son muchos, corremos. Segundo: Si son pocos, nos escondemos.

Arriba las estrellas empezaban a emborronarse Las gotas de lluvia empiezan a multiplicarse Vale de nuevo. Es marzo, es de madrugada, y, para estar muerto, me siento muuuy bien. Que, decidida, sale al ruedo Sigo sin poder bajarme de la ceiba. La luna es un toro de plateada ornamenta y, con un par de afilados pitones, embiste al oriente.

Yo pienso, no siendo guerrillero, torero fuera. Pretendo entonces tomar la noche como negro capote, pero tiene tantos agujeros semejando estrellas que desisto de mi intento. La luna—toro se sigue de largo. Es inexplicable que no perciba a tan gallardo torero.

La luna siempre tiende a un mismo derrotero y, aunque esto facilita el estoque final, no permite mucho lucimiento del traje de luces y el respetable tiende a aburrirse soberanamente En esas estamos cuando escuchamos voces al pie de la ceiba.

Durito suspira en tono flamenco pues no hay trigo en los tendidos. Abajo se aburren y se van De reojo mira la luna al Sup. Ya no supo si lloraba Que, aunque no os deis cuenta, encierra un misterio encantador, como todos los misterios. Es una espada Ahora es Empieza a llover y, como todo escudero que se precie de serlo, abandono guardia y amo, corro y me refugio en mi techo.

Yo no duermo.

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