BOLTANSKI Y CHIAPELLO EL NUEVO ESPIRITU DEL CAPITALISMO PDF

Propone una interpretacin o del movimiento que va de los aos que siguieron a los acontecimientos de n mayo de , durante los cuales la cr tica del capitalismo se expres con o fuerza, pasando por la dcada de , donde, con el silencio de la cr e tica, las formas de organizacin sobre las que reposaba el funcionamiento del capitao lismo se modicaron profundamente, hasta la vacilante bsqueda de nuevas u bases cr ticas en la segunda mitad de la dcada de No se trata de e un libro meramente descriptivo, sino que pretende tambin, mediante este e ejemplo histrico, proponer un marco terico ms amplio para la compreno o a sin del modo en que se modican las ideolog asociadas a las actividades o as econmicas, siempre y cuando no demos al trmino de ideolog el sentido o e a reductor al que lo ha reducido frecuentemente la vulgata marxista de un discurso moralizador que tratar de ocultar intereses materiales que quea dar an, no obstante, continuamente puestos en evidencia por las prcticas. Tal vez se nos reprochar el haber abordado un cambio global a partir a de un ejemplo local: el de Francia en los ultimos treinta aos. No creemos, n ciertamente, que el caso de Francia pueda, por s solo, resumir todas las transformaciones del capitalismo. Sin embargo, no satisfechos con las aproximaciones y descripciones esbozadas a grandes rasgos que suelen acompaar, n generalmente, a los discursos sobre la globalizacin, desebamos elaborar o a un modelo del cambio que fuese presentado aqu a partir de un conjunto de anlisis de orden pragmtico, es decir, capaces de tomar en consideracin a a o las distintas maneras en las que las personas se comprometen en la accin, o sus justicaciones y el sentido que dan a sus actos. Reproducimos la introduccin completa con permiso de la editorial.

Author:Gardagal Kigajar
Country:Estonia
Language:English (Spanish)
Genre:Video
Published (Last):17 May 2013
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Propone una interpretacin del movimiento que va de los aos que siguieron a los acontecimientos de mayo de , durante los cuales la crtica del capitalismo se expres con fuerza, pasando por la dcada de , donde, con el silencio de la crtica, las formas de organizacin sobre las que reposaba el funcionamiento del capitalismo se modificaron profundamente, hasta la vacilante bsqueda de nuevas bases crticas en la segunda mitad de la dcada de No se trata de un libro meramente descriptivo, sino que pretende tambin, mediante este ejemplo histrico, proponer un marco terico mas amplio para la comprensin del modo en que se modifican las ideologas asociadas a las actividades econmicas, siempre y cuando no demos al trmino de ideologa el sentido reductor al que lo ha reducido frecuentemente la vulgata marxista de un discurso moralizador que tratara de ocultar intereses materiales que quedaran, no obstante, continuamente puestos en evidencia por las prcticas.

Preferimos acercarnos al sentido de ideologa desarrollado, por ejemplo, en la obra de Louis Dumont, para quien la ideologa constituye un conjunto de creencias compartidas, inscritas en instituciones, comprometidas en acciones y, de esta forma, ancladas en lo real. Tal vez se nos reprochar el haber abordado un cambio global a partir de un ejemplo local: el de Francia en los ltimos treinta aos.

No creemos, ciertamente, que el caso de Francia pueda, por si solo, resumir todas las transformaciones del capitalismo. Sin embargo, no satisfechos con las aproximaciones y descripciones esbozadas a grandes rasgos que suelen acompaar, generalmente, a los discursos sobre la globalizacin, desebamos elaborar un modelo del cambio que fuese presentado aqu a partir de un conjunto de anlisis de orden pragmtico, es decir, capaces de tomar en consideracin las distintas maneras en las que las personas se comprometen en la accin, sus justificaciones y el sentido que dan a sus actos.

Ahora bien, semejante empresa es, por cuestiones de tiempo y sobre todo de medios, prcticamente irrealizable a escala mundial o inclusive a escala de un continente, habida cuenta del peso que las tradiciones y las coyunturas polticas nacionales continan teniendo sobre la orientacin de las practicas econmicas y de las formas de expresin ideolgica que las acompaan.

Sin embargo, los seres humanos no slo padecen la historia, tambin la hacen y nosotros queramos verles manos a la obra. No pretendemos afirmar que lo que ha pasado en Francia sea un ejemplo para el resto del mundo, ni que los modelos que hemos elaborado a partir de la situacin francesa tengan, tal cuales, una validez universal. Tenemos, sin embargo, buenas razones para pensar que procesos bastante similares al francs han marcado la evolucin de las ideologas que han acompaado a la reorganizacin del capitalismo en otros pases desarrollados, segn modalidades sujetas, en cada caso, a las especificidades de la historia poltica y social que slo anlisis regionales detal ados l permitirn iluminar con la precisin suficiente.

Para realizar este trabajo, la nocin de espritu del capitalismo se nos ha impuesto rpidamente. Esta nocin nos permite articular, como veremos, los dos conceptos centrales sobre los que reposan nuestros anlisis el de capitalismo y el de crtica en una relacin dinmica.

Presentamos a continuacin los diferentes conceptos en los que se basa nuestra construccin, as como los resortes del modelo que hemos elaborado para dar cuenta de las transformaciones ideolgicas relacionadas con el capitalismo a lo largo de los treinta ltimos aos, que parecen, no obstante, tener un alcance mayor que el simple estudio de la reciente situacin francesa.

La perpetua puesta en circulacin del capital dentro del circuito econmico con el objetivo de extraer beneficios, es decir, de incrementar el capital que ser a su vez reinvertido de nuevo, seria lo que caracterizara primordialmente al capitalismo y lo que le conferira esa dinmica y esa fuerza de transformacin que han fascinado a sus observadores, incluso a los mas hostiles.

La acumulacin de capital no consiste en un acaparamiento de riquezas, es decir, de objetos deseados por su valor de uso, su funcin ostentatoria o como signos de poder. Las formas concretas de la riqueza inmobiliaria, bienes de equipo, mercancas, moneda, etc. Este desapego que muestra el capital por las formas materiales de la riqueza le confiere un carcter verdaderamente abstracto que contribuye a perpetuar la acumulacin.

En la medida en que el enriquecimiento es evaluado en trminos contables y el beneficio acumulado en un periodo se calcula como la diferencia entre los balances de dos pocas diferentes1 , no existe limite alguno, no hay saciedad posible2 , justo lo contrario de lo que ocurre cuando la riqueza se orienta a cubrir las necesidades de consumo, incluidas las de lujo.

Existe sin duda otra razn que explicara el carcter insaciable del proceso capitalista, que ha sido sealada por Heilbroner , p. E l capital, al ser constantemente reinvertido y al no poder seguir creciendo sino siendo puesto en circulacin, hace que la capacidad del capitalista para recuperar su dinero invertido incrementado con algn beneficio se encuentre perpetuamente amenazada, en particular debido a las acciones de otros capitalistas con quienes se disputa el poder de compra de los consumidores.

Esta dinmica genera una inquietud permanente y ofrece al capitalista un motivo de autopreservacin muy poderoso para continuar sin descanso el proceso de acumulacin. Sin embargo, la rivalidad existente entre operadores que tratan de obtener beneficios no genera automticamente un mercado en el sentido clsico, es decir, un mercado en el que el conflicto entre una multiplicidad de agentes que toman decisiones descentralizadas se ve resuelto gracias a la transaccin que hace surgir un precio de equilibrio.

E l capitalismo, en la definicin mnima que manejamos, debe ser distinguido de la autorregulacin del mercado que descansa sobre convenciones e instituciones sobre todo jurdicas y estatales que estn encaminadas a garantizar la igualdad de fuerzas entre los operadores competencia pura y perfecta , la transparencia, la simetra de la informacin, un banco central que garantice un tipo de cambio inalterable para la moneda de crdito, etc.

El capitalismo se apoya en transacciones y contratos, pero estos contratos pueden no amparar ms que simples arreglos en beneficio de las partes o no comportar ms que clusulas a d hoc, sin publicitarlo n i someterlo a la competencia.

Siguiendo a Fernand Braudel, distinguiremos, por lo tanto, el capitalismo de la economa de mercado. Por un lado, la economa de mercado se ha constituido paso a paso y es anterior a la aparicin de la norma de acumulacin ilimitada del capitalismo Braudel, , Les jeux de lchange p. Por otro lado, la acumulacin capitalista slo se pliega a la regulacin del mercado cuando se le cierran los caminos ms directos para la obtencin de beneficios, de tal forma que el reconocimiento de las cualidades beneficiosas del mercado y la aceptacin de las reglas y las obligaciones de las que depende su funcionamiento armonioso libre intercambio, prohibicin de las alianzas y de los monopolios, etc.

E l capitalista, en el marco de la definicin mnima de capitalismo que estamos utilizando, es en teora cualquier persona que posea un excedente y lo invierta para extraer un beneficio que supondr un incremento del excedente inicial.

E l arquetipo sera el accionista que invierte su dinero en una empresa y espera por ello una remuneracin, aunque la inversin no tiene porqu cobrar necesariamente esta forma jurdica: pinsese, por ejemplo, en la inversin dentro del sector inmobiliario de alquiler o en la compra de bonos del Tesoro. En su definicin ms amplia, el grupo de los capitalistas engloba al conjunto de poseedores de un patrimonio4, grupo ste que no constituye, sin embargo, ms que una minora desde el momento en que tomamos en consideracin la superacin de un cierto umbral de ahorro: aunque sea difcil de estimar teniendo en cuenta las estadsticas existentes, podemos pensar que no representa ms que alrededor del 20 por de los hogares en Francia, que es, sin embargo, uno de los pases ms ricos del mundo5.

A escala mundial, el porcentaje es, como podemos imaginar, mucho ms dbil. Son, por supuesto, un nmero mucho ms reducido. Reagrupan no solamente a los grandes accionistas, personas particulares que por su propio peso son susceptibles de influir en la marcha de los negocios, sino tambin a las personas morales representadas por algunos individuos influyentes, ante todo, los directores de empresa que detentan o controlan mediante su accin la mayor parte del capital mundial h o ldings y multinacionales incluidas las bancarias a travs de filiales y participaciones, o fondos de inversin, fondos de pensiones.

A pesar de que constituya una poblacin atravesada a su vez por grandes desigualdades patrimoniales partiendo siempre, no obstante, de una situacin favorable en general, este grupo merece recibir el nombre de capitalistas en la medida en que asume como propia la exigencia de maximizacin de los beneficios, que a su vez es trasladada a las personas, fsicas o morales, sobre las que ejercen un poder de control.

Otro rasgo por el que caracterizamos al capitalismo es el rgimen salarial. Tanto Marx como Weber sitan esta forma de organizacin del trabajo en el centro de su definicin de capitalismo. Nosotros consideraremos el rgimen salarial con independencia de las formas jurdicas contractuales de las que pueda revestirse: lo importante es que existe una parte de la poblacin que no detenta nada o muy poco capital y en cuyo beneficio no est orientado naturalmente el sistema, que obtiene ingresos por la venta de su fuerza de trabajo y no por la venta de los productos resultantes de su trabajo , que adems no dispone de medios de produccin y que depende para trabajar, por lo tanto, de las decisiones de quienes los detentan pues en virtud del derecho de propiedad, estos ltimos pueden negarles el uso de dichos medios y, finalmente, que abandona, en el marco de la relacin salarial y a cambio de su remuneracin, todo derecho de propiedad sobre el resultado de su esfuerzo, que va a parar ntegramente a manos de los detentores del capital 7.

Un segundo rasgo importante del rgimen salarial es que el trabajador asalariado es tericamente libre de mostrar su rechazo a trabajar en las condiciones propuestas por el capitalista, al igual que ste es tambin libre de no proporcionar empleos en las condiciones demandadas por el trabajador. Sin embargo, la relacin es desigual en la medida que el trabajador no puede sobrevivir mucho tiempo sin trabajar. No obstante, la situacin es bastante diferente de la del trabajo forzado o la esclavitud y presupone siempre por este motivo una cierta dosis de sumisin voluntaria.

E l rgimen salarial, a escala de Francia, as como a escala mundial, no ha dejado de desarrollarse a lo largo de toda la historia del capitalismo, hasta el punto de que en la actualidad afecta a un porcentaje de la poblacin activa a la que nunca antes haba alcanzado8.

Por un lado, reemplaza poco a poco al trabajo autnomo, a la cabeza del cual encontrbamos histricamente a la agricultura 9; por otro lado, la poblacin activa ha aumentado considerablemente como consecuencia de la salarizacin de las mujeres, que realizan, de forma cada vez ms numerosa, un trabajo fuera del hogar 1 0. L a n e c e s id ad d e u n e sp r i tu p a r a e l c a p i t a l is m o E l capitalismo es, en muchos aspectos, un sistema absurdo: los asalariados pierden en l la propiedad sobre el resultado de su trabajo y la posibilidad de llevar a cabo una vida activa ms all de la subordinacin.

En cuanto a los capitalistas, se encuentran encadenados a un proceso sin fin e insaciable, totalmente abstracto y disociado de la satisfaccin de necesidades de consumo, aunque sean de lujo. Para estos dos tipos de protagonistas, la adhesin al proceso capitalista requiere justificaciones.

Ahora bien, la acumulacin capitalista, aunque en grados desiguales en funcin de los caminos seguidos para la obtencin de beneficios por ejemplo, dependiendo de si se trata de extraer beneficios industriales, comerciales o financieros , exige la movilizacin de un gran nmero de personas para las cuales las posibilidades de obtenerlos son escasas sobre todo cuando su capital de partida es mediocre o inexistente y a cada una de las cuales no le es atribuida ms que una responsabilidad nfima que en cualquier caso es difcil de evaluar en el proceso global de acumulacin, de manera que estn poco motivadas a comprometerse con las prcticas capitalistas, cuando no se muestran directamente hostiles a ellas.

Algunos podrn evocar una motivacin de tipo material en la participacin, algo que resulta ms evidente para el trabajador asalariado, que necesita de su salario para vivir, que para el gran propietario cuya actividad, superado cierto nivel, no se encuentra ya ligada a la satisfaccin de necesidades personales.

Sin embargo, este motor resulta, por s slo, bastante poco estimulante. Los psiclogos del trabajo han puesto de manifiesto con regularidad lo insuficiente que resulta la remuneracin para suscitar el compromiso y avivar el entusiasmo por la tarea asignada. E l salario constituira, a lo sumo, una razn para permanecer en un empleo, no para implicarse en l. Del mismo modo, para vencer la hostilidad o la indiferencia de estos actores, la coaccin no es suficiente, sobre todo cuando el compromiso exigido de ellos supone una adhesin activa, iniciativas y sacrificios libremente consentidos, tal y como se exige, cada vez ms a menudo, no slo a los cuadros, sino al conjunto de los asalariados.

La calidad del compromiso que puede esperarse depende ms bien de los argumentos que puedan ser invocados para justificar no slo los beneficios que la participacin en los procesos capitalistas puede aportar a ttulo individual, sino tambin las ventajas colectivas, definidas en trminos de bien comn, que contribuye a producir para todos.

Llamamos espritu del capitalismo a la ideologa que justifica el compromiso con el capitalismo. Este compromiso con el capitalismo conoce en la actualidad una importante crisis de la que dan fe el desconcierto y el escepticismo social crecientes, hasta el punto de que la salvaguarda del proceso de acumulacin, que se encuentra hoy por hoy amenazada por una reduccin de sus justificaciones a una argumentacin mnima en trminos de necesaria sumisin a las leyes de la economa, precisa de la formacin de un nuevo conjunto ideolgico ms movilizador.

As ocurre al menos en los pases desarrollados que permanecen en el centro del proceso de acumulacin y que pretenden continuar siendo los principales suministradores de un personal cualificado cuya implicacin positiva en el trabajo es fundamental.

E l capitalismo debe ser capaz de proporcionar a estas personas la garanta de una mnima seguridad en zonas salvaguardadas donde poder v i v i r, formar una familia, educar a los nios, etc.

Teniendo en cuenta el carcter especial, incluso trasgresor, de los modos de comportamiento exigidos por el capitalismo con respecto a las formas de vida observadas en la mayor parte de las sociedades humanas 12 , podemos comprender que Weber se viese obligado a postular que el surgimiento del capitalismo supuso la instauracin de una nueva relacin moral de los seres humanos con su trabajo, determinada en forma de vocacin, de tal forma que, con independencia de su inters y de sus cualidades intrnsecas, cada cual pueda consagrarse a l con conviccin y regularidad.

Segn Max Weber, ser con la Reforma cuando se impondr la creencia en que el deber se cumple primero mediante el ejercicio de una profesin en el mundo, en las actividades temporales, en contraposicin al nfasis puesto en la vida religiosa fuera del mundo terrenal que privilegiaba el ethos catlico. Ser esta nueva concepcin la que permitir esquivar, en los albores del capitalismo, la cuestin de la finalidad del esfuerzo en el trabajo el enriquecimiento sin fin , superando de este modo el problema del compromiso que planteaban las nuevas prcticas econmicas.

Weber , p. La idea de trabajo como Beruf serva tambin en la medida en que los obreros que la compartan se mostraban dciles y firmes en su tarea, al mismo tiempo que convencidos de que el hombre debe cumplir su deber all donde la providencia le ha situado no trataban de poner en cuestin la situacin que les era dada.

Dejaremos de lado la importante controversia posweberiana referida bsicamente a la cuestin de la influencia efectiva del protestantismo en el desarrollo del capitalismo y, ms en general, de la influencia de las creencias religiosas sobre las prcticas econmicas para, dentro de un enfoque weberiano, retener sobre todo que las personas necesitan poderosas razones morales para adherirse al capitalismo Sin embargo, en lugar de recurrir a mviles de tipo psicolgico y a una supuesta bsqueda, por parte de las nuevas elites, de medios con los que garantizar su bienestar personal, A.

Hirschman evoca motivos que habran alcanzado, en primer lugar, a la esfera poltica antes de afectar a la economa: las actividades lucrativas fueron revalorizadas en el siglo X V I I I por las elites debido a las ventajas sociopolticas que esperaban de ellas.

En la interpretacin de A. Hirschman, el pensamiento laico de la Ilustracin justifica las actividades lucrativas en trminos de bien comn para la sociedad, mostrando de este modo cmo la emergencia de prcticas en armona con el desarrollo del capitalismo fueron interpretadas como una relajacin de las costumbres y un perfeccionamiento del modo de gobierno. Partiendo de la incapacidad de la moral religiosa para vencer las pasiones humanas, de la impotencia de la razn para gobernar a los seres humanos y de la dificultad de someter a las pasiones simplemente mediante la represin, no quedaba otra solucin que utilizar una pasin para contrarrestar a las otras.

As, el lucro, hasta entonces situado a la cabeza en el orden de los desrdenes, obtuvo el privilegio de ser definido como pasin inofensiva en la que descansaba desde ese momento la tarea de someter a las pasiones ofensivas 15 Los trabajos de Weber insisten en la necesidad percibida por el capitalismo de proporcionar justificaciones de tipo individual, mientras que los de Hirschman hacen nfasis en las justificaciones en trminos de bien comn.

La cuestin de las justificaciones morales del capitalismo no es slo pertinente desde el punto de vista histrico para aclarar sus orgenes o, en la actualidad, para comprender mejor las modalidades de conversin al capitalismo de los pueblos de la periferia pases en vas de desarrollo y pases ex socialistas.

Es tambin de extrema importancia en los pases occidentales como Francia, cuya poblacin se encuentra a menudo integrada hasta un punto jams alcanzado con anterioridad en el cosmos capitalista. En efecto, las constricciones sistmicas que pesan sobre los actores no bastan por s solas para suscitar el compromiso de stos La constriccin en cuestin debe de ser interiorizada y justificada, una funcin que, por otro lado, la sociologa ha adjudicado tradicionalmente a la socializacin y a las ideologas.

Si el capitalismo no solo ha sobrevivido contra todos los pronsticos de quienes haban anunciado regularmente su hundimiento, sino que tampoco ha dejado de extender su imperio, se debe a que ha podido apoyarse en un cierto nmero de representaciones susceptibles de guiar la accin y de justificaciones compartidas, que han hecho de l un orden aceptable e incluso deseable, el nico posible o, al menos, el mejor de los rdenes posibles.

Estas justificaciones deben apoyarse en argumentos lo suficientemente robustos como para ser aceptados como evidentes por un nmero lo suficientemente grande de gente, de manera que pueda contenerse o superarse la desesperanza o el nihilismo que el orden capitalista no deja de inspirar igualmente, no slo entre quienes oprime, sino tambin, a veces, entre quienes tienen la tarea de mantenerlo y, a travs de la educacin, transmitir sus valores.

E l espritu del capitalismo es, precisamente, este conjunto de creencias asociadas al orden capitalista que contribuyen a justificar dicho orden y a mantener, legitimndolos, los modos de accin y las disposiciones que son coherentes con l. Estas justificaciones ya sean generales o prcticas, locales o globales, expresadas en trminos de virtud o en trminos de justicia posibilitan el cumplimiento de tareas ms o menos penosas y, de forma ms general, la adhesin a un estilo de vida favorable al orden capitalista.

Podemos hablar en este caso, de ideologa dominante con la condicin de que renunciemos a ver en ella un simple subterfugio de los dominantes para asegurarse el consentimiento de los dominados y de que reconozcamos que la mayora de las partes implicadas, tanto los fuertes como los dbiles, se apoyan en los mismos esquemas para representarse el funcionamiento, las ventajas y las servidumbres del orden en el cual se encuentran inmersos Si, siguiendo la tradicin weberiana, colocamos a las ideologas sobre las cuales descansa el capitalismo en el centro de nuestros anlisis, daremos un uso a la nocin de espritu del capitalismo alejado de sus usos cannicos.

Nosotros no pretendemos explicar la gnesis del capitalismo, sino comprender bajo que condiciones puede seguir atrayendo hoy a los actores necesarios para la obtencin de beneficios, razn por la cual nuestra ptica ser diferente.

Dejaremos de lado las disposiciones frente al mundo necesarias para participar en el capitalismo como cosmos adecuacin medios-fines, racionalidad prctica, aptitud para el calculo, autonomizacin de las actividades econmicas, relacin instrumental con la naturaleza, etc. Estas justificaciones y disposiciones indican en la actualidad, al menos entre los actores de la empresa en el mundo occidental, competencias comunes que, en armona con las limitaciones institucionales que se imponen de alguna manera desde el exterior, son constantemente reproducidas a travs de los procesos de socializacin familiares y escolares.

Nuestro propsito es el estudio de las variaciones observadas y no la descripcin exhaustiva de todos los componentes del espritu del capitalismo. Esto nos llevara a desprender del concepto de espritu del capitalismo los contenidos sustanciales, en trminos de ethos, que estn ligados a el en la obra de Weber, para abordarlo como una forma que puede ser objeto de un contenido muy diferente segn los distintos momentos de la evolucin de los modos de organizacin de las empresas y de los procesos de extraccin del beneficio capitalista.

Podemos, de este modo, tratar de integrar dentro de un mismo marco expresiones histricas muy distintas del espritu del capitalismo y plantearnos la cuestin de su transformacin.

Haremos hincapi en la forma que debe adoptar una existencia en armona con las exigencias de la acumulacin para que un gran nmero de actores estimen que vale la pena de ser vivida. Sin embargo, a lo largo de este recorrido histrico, permaneceremos fieles al mtodo de los tipos ideales weberianos, sistematizando y destacando cuanto nos parezca especfico de una poca en oposicin a aquellas otras que le han precedido, otorgando mas importancia a las variaciones que a las constantes, sin ignorar, no obstante, las caractersticas mas estables del capitalismo.

La persistencia del capitalismo como modo de coordinacin de las acciones y como mundo de vida, no puede ser comprendida sin tener en cuenta las ideologas que, justificndolo y confirindole un sentido, contribuyen a generar la buena voluntad de aquellos sobre los que se levanta y a asegurar su adhesin, incluso cuando, como sucede en el caso de los pases desarrollados, el orden en el que estos son insertados parece descansar, casi en su totalidad, en dispositivos que le son afines.

D e qu est hecho el espritu del capitalism o Cuando se trata de reunir las razones que hablan en favor del capitalismo, de buenas a primeras se presenta un candidato, que no es otro que la ciencia econmica.

Acaso no es en la ciencia econmica y, en particular, en sus corrientes dominantes clsicas y neoclasicas, donde los responsables de las instituciones del capitalismo han buscado, desde la primera mitad del siglo XIX hasta nuestros das, todo tipo de justificaciones? La fuerza de los argumentos que encontramos en ella proviene precisamente de que se presentan como argumentos no ideolgicos y no dictados por principios morales, por mas que incorporen una referencia a resultados finales globalmente conformes a un ideal de justicia, en el caso de los mas slidos de entre ellos, as como a una idea de bienestar, en la mayora.

E l desarrollo de la ciencia econmica, ya se trate de la economa clsica o del marxismo, ha contribuido, como ha demostrado L. Esta concepcin permiti dar cuerpo a la creencia de que la economa constituye una esfera autnoma, independiente de la ideologa y de la moral, que obedece a leyes positivas, dejando de lado el hecho de que semejante conviccin es el resultado de un trabajo ideolgico que slo ha podido ser llevado a cabo tras incorporar justificaciones, parcialmente recubiertas despus por el discurso cientfico, segn las cuales las leyes positivas de la economa estaran al servicio del bien comn En particular, la idea de que la persecucin del inters individual contribuye al inters general ha sido objeto de un enorme trabajo, retomado y profundizado continuamente a lo largo de toda la historia de la economa clsica.

Esta disociacin de la moral y de la economa, as como la incorporacin a la economa, en el mismo movimiento, de una moral consecuencialista 20 basada en el clculo de la utilidad, facilitaron una garanta moral a las actividades econmicas por el simple hecho de ser lucrativas Tan slo el crecimiento de la riqueza, sea quien sea su beneficiario, es, desde esta perspectiva, considerado como un criterio del bien comn E n los usos mas cotidianos y en los discursos pblicos de los principales actores que se encargan de realizar la exgesis de los actos econmicos jefes de empresa, polticos, periodistas, etc.

Para este tipo de justificaciones resulta evidente que el coste moral especfico entregarse a la pasin por el lucro de la puesta en marcha de una sociedad adquisitiva coste que preocupaba an a Adam Smith , difcilmente cuantificable, se encuentra ampliamente compensado por las ventajas cuantificables bienes materiales, salud, Permiten tambin sostener que el crecimiento global de la riqueza, sea quien sea el beneficiario, es un criterio de determinacin del bien comn, de lo cual da fe todos los das el hecho de presentar la salud de las empresas de un pas medida por sus tasas de beneficio, su nivel de actividad y de crecimiento como un criterio de medida del bienestar social Este inmenso trabajo social llevado a cabo para instaurar el progreso material individual como un si no e l criterio del bienestar social, ha permitido al capitalismo adquirir una legitimidad sin precedentes, logrando legitimar al mismo tiempo sus objetivos y su motor.

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EL NUEVO ESPIRITU DEL CAPITALISMO (Luc Boltanski y Ève Chiapello).

Propone una interpretacin del movimiento que va de los aos que siguieron a los acontecimientos de mayo de , durante los cuales la crtica del capitalismo se expres con fuerza, pasando por la dcada de , donde, con el silencio de la crtica, las formas de organizacin sobre las que reposaba el funcionamiento del capitalismo se modificaron profundamente, hasta la vacilante bsqueda de nuevas bases crticas en la segunda mitad de la dcada de No se trata de un libro meramente descriptivo, sino que pretende tambin, mediante este ejemplo histrico, proponer un marco terico mas amplio para la comprensin del modo en que se modifican las ideologas asociadas a las actividades econmicas, siempre y cuando no demos al trmino de ideologa el sentido reductor al que lo ha reducido frecuentemente la vulgata marxista de un discurso moralizador que tratara de ocultar intereses materiales que quedaran, no obstante, continuamente puestos en evidencia por las prcticas. Preferimos acercarnos al sentido de ideologa desarrollado, por ejemplo, en la obra de Louis Dumont, para quien la ideologa constituye un conjunto de creencias compartidas, inscritas en instituciones, comprometidas en acciones y, de esta forma, ancladas en lo real. Tal vez se nos reprochar el haber abordado un cambio global a partir de un ejemplo local: el de Francia en los ltimos treinta aos. No creemos, ciertamente, que el caso de Francia pueda, por si solo, resumir todas las transformaciones del capitalismo. Sin embargo, no satisfechos con las aproximaciones y descripciones esbozadas a grandes rasgos que suelen acompaar, generalmente, a los discursos sobre la globalizacin, desebamos elaborar un modelo del cambio que fuese presentado aqu a partir de un conjunto de anlisis de orden pragmtico, es decir, capaces de tomar en consideracin las distintas maneras en las que las personas se comprometen en la accin, sus justificaciones y el sentido que dan a sus actos.

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Boltanski y Chiapello El Nuevo Espíritu Del Capitalismo Introduccion

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